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Persona

Salutogénesis y Ternura en la clínica expresiva somática del trauma

Hacia una clínica del cuidado, la presencia y el devenir

Resumen

El presente artículo propone una aproximación teórico-clínica a la integración de la salutogénesis y la ternura en la clínica expresiva somática del trauma, situando ambos conceptos como operadores fundamentales en la configuración de un paradigma centrado en la vida, la sensibilidad y la transformación. Frente a modelos clínicos orientados predominantemente a la identificación del déficit y la reparación del daño, se plantea una perspectiva que reconoce la existencia de fuerzas salutogénicas que sostienen la vida incluso en condiciones de extrema adversidad.

La salutogénesis, formulada por Aaron Antonovsky, permite desplazar la mirada hacia los recursos, el sentido de coherencia y la capacidad de agencia, mientras que la ternura en la línea de pensamiento de Fernando Ulloa introduce una ética del cuidado que configura el campo relacional necesario para que los procesos de subjetivación puedan desplegarse sin violencia ni imposición. En este cruce, el cuerpo es concebido no solo como lugar de inscripción del trauma, sino como territorio de resonancia, creación y reorganización.

Se sostiene que la clínica expresiva somática, articulada desde estos principios, posibilita una reconfiguración de la experiencia traumática que no se limita a su elaboración simbólica, sino que implica una transformación encarnada de la relación del sujeto consigo mismo, con los otros y con el mundo.

Introducción

El trauma constituye una experiencia que desborda los marcos habituales de simbolización, produciendo una alteración profunda en la continuidad de la experiencia subjetiva. No se trata únicamente de un acontecimiento pasado, sino de una inscripción que persiste en el cuerpo, en la percepción y en la relación con el entorno. Desde esta perspectiva, el trauma no puede ser abordado exclusivamente desde una lógica interpretativa o narrativa, sino que requiere dispositivos clínicos capaces de trabajar con aquello que aún no ha sido dicho, con lo que permanece en estado de latencia o de fragmentación.

La clínica expresiva somática se sitúa precisamente en este umbral, proponiendo un trabajo que articula cuerpo, percepción y creación como vías de acceso a la experiencia traumática. En este marco, la integración de la salutogénesis y la ternura introduce un desplazamiento significativo en la orientación del acompañamiento clínico.

La salutogénesis permite interrogar no solo las huellas del daño, sino también las condiciones que sostienen la vida. Esta perspectiva resulta especialmente relevante en el campo del trauma, donde la insistencia en lo patológico puede reforzar procesos de fijación identitaria en torno al sufrimiento. Por su parte, la ternura, tal como ha sido desarrollada por Fernando Ulloa, se configura como una dimensión ética fundamental que introduce una modalidad de vínculo basada en el cuidado, la delicadeza y la responsabilidad hacia la fragilidad del otro.

En este sentido, la ternura no es reducible a una cualidad afectiva, sino que constituye una operatoria clínica que regula la intensidad del encuentro, evitando tanto la intrusión como el abandono. Su presencia resulta decisiva en el trabajo con trauma, donde la experiencia de lo traumático ha estado muchas veces asociada a la violencia, la negligencia o la ruptura del sostén relacional.

La articulación entre salutogénesis y ternura permite así pensar una clínica que no se organiza en torno a la corrección del síntoma, sino en torno a la creación de condiciones para que la experiencia pueda reconfigurarse. Una clínica que no busca restaurar un estado previo, sino acompañar la emergencia de nuevas formas de subjetivación.

Salutogénesis – el cuerpo como lugar de coherencia y reorganización

La salutogénesis, desarrollada por Aaron Antonovsky, introduce un cambio de paradigma al proponer que la salud no debe ser entendida como ausencia de enfermedad, sino como un proceso dinámico de organización de la experiencia. En este sentido, el concepto de “sentido de coherencia” resulta central, en tanto refiere a la capacidad del sujeto de percibir su vida como comprensible, manejable y significativa.

En el contexto del trauma, esta coherencia se ve profundamente alterada. La experiencia traumática introduce discontinuidades, fragmentaciones y desbordes que dificultan la integración de lo vivido. Desde la clínica expresiva somática, el trabajo con el cuerpo permite reintroducir condiciones de coherencia a través de la experiencia directa.

El cuerpo, lejos de ser un mero soporte de síntomas, se presenta como un campo de organización donde pueden emerger nuevas configuraciones de sentido. A través del movimiento, la respiración y la expresión, el sujeto puede comenzar a registrar patrones, intensidades y ritmos que le permiten reestablecer una relación con su propia experiencia.

Este proceso no implica necesariamente una comprensión cognitiva inmediata, sino una reorganización sensible que antecede al lenguaje. La coherencia, en este sentido, no es impuesta desde afuera, sino que se construye desde la experiencia encarnada.

Asimismo, la salutogénesis permite introducir el concepto de agencia como eje fundamental en el proceso terapéutico. La posibilidad de intervenir en la propia experiencia, aunque sea a través de gestos mínimos, constituye un elemento central en la reconfiguración del sujeto. En la práctica expresiva, cada elección un movimiento, un trazo, una pausa introduce una diferencia que desplaza la posición de pasividad asociada al trauma. De este modo, la clínica se orienta no solo a la elaboración del pasado, sino a la activación de capacidades presentes que permiten al sujeto situarse de otro modo frente a su experiencia.

La ternura como una ética clínica del cuidado y la no violencia

El concepto de ternura, tal como ha sido desarrollado por Fernando Ulloa, adquiere una relevancia particular en el campo clínico al ser entendido como una modalidad de vínculo que se opone a toda forma de violencia, incluso a aquellas más sutiles que pueden operar bajo la forma de intervenciones invasivas o interpretaciones prematuras.

Ulloa plantea la ternura como una ética del cuidado que implica un posicionamiento del terapeuta frente a la vulnerabilidad del otro. No se trata de una actitud sentimental, sino de una práctica que requiere una alta capacidad de regulación, de escucha y de responsabilidad. La ternura introduce un límite a la intrusión, estableciendo una distancia justa que permite la emergencia de la experiencia sin forzarla.

En la clínica del trauma, esta dimensión resulta fundamental, ya que el cuerpo ha sido muchas veces escenario de experiencias donde los límites fueron vulnerados. La presencia de la ternura permite restituir condiciones de seguridad que habilitan un reencuentro progresivo con la experiencia corporal.

Asimismo, la ternura introduce una temporalidad distinta en el proceso terapéutico. Frente a la urgencia por “trabajar” el trauma, propone una espera activa, una disponibilidad que acompaña los tiempos del cuerpo. Esta temporalidad no es pasiva, sino que constituye una forma de intervención en sí misma. Desde esta perspectiva, la ternura no elimina el dolor, pero modifica la forma en que este puede ser habitado. Permite que el sujeto se acerque a su experiencia sin ser desbordado por ella, generando condiciones para una transformación que no se produce por confrontación, sino por integración.

Hacia una clínica expresiva somática de la vida

La integración de la salutogénesis y la ternura configura una práctica clínica que se orienta hacia la creación de condiciones donde el cuerpo pueda reorganizarse y la subjetividad pueda desplegarse. Esta integración no se limita a la aplicación de técnicas, sino que implica la construcción de un campo relacional y experiencial donde lo vivo pueda emerger.

En este marco, la clínica se desplaza desde una lógica centrada en la intervención hacia una lógica centrada en la facilitación. El terapeuta no dirige el proceso, sino que sostiene un espacio donde el sujeto puede explorar, experimentar y transformar su relación con la experiencia traumática.

La atención a los recursos, característica de la salutogénesis, se articula con la sensibilidad relacional propia de la ternura, generando un equilibrio entre activación y contención. Este equilibrio resulta clave en el trabajo con trauma, donde tanto la sobreestimulación como la inhibición pueden obstaculizar el proceso terapéutico.

Asimismo, la reconexión con el cuerpo no se limita a la dimensión individual, sino que se extiende al campo relacional. La posibilidad de habitar el propio cuerpo de manera más integrada abre también la posibilidad de establecer vínculos más seguros y significativos con los otros y con el entorno. La clínica expresiva somática se configura así como un espacio donde la experiencia puede ser no solo elaborada, sino transformada a través de la creación.

Conclusión
Por una clínica de la sensibilidad y el deveni
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La articulación entre salutogénesis y ternura permite pensar una clínica del trauma que se aleja de los modelos normativos y se orienta hacia una práctica basada en la sensibilidad, la creación y el respeto por la singularidad del proceso subjetivo.

Este enfoque no busca eliminar el dolor ni cerrar la experiencia traumática, sino abrirla a nuevas posibilidades de sentido. El cuerpo, en este contexto, deja de ser únicamente el lugar donde el trauma se inscribe para convertirse en el lugar desde donde algo puede transformarse. La clínica expresiva somática, atravesada por estos principios, se configura como un espacio de hospitalidad hacia lo que aún no ha sido dicho, donde la experiencia puede encontrar formas de expresión que no estaban disponibles anteriormente.

En este sentido, acompañar el trauma no implica devolver al sujeto a un estado anterior, sino sostener el proceso mediante el cual puede devenir otro, en relación con lo vivido. Una clínica, en definitiva, donde la ternura no es debilidad, sino precisión ética, y donde la salutogénesis no es optimismo ingenuo, sino reconocimiento riguroso de la potencia de lo vivo.

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