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Persona

El inventario corporal en la clínica expresiva somática del trauma

Presencia, regulación y estructura interna en el enfoque EC-EXATT®

Resumen

En el trabajo terapéutico con trauma, el acceso a la experiencia corporal constituye un elemento central para favorecer procesos de regulación, presencia y reorganización de la experiencia subjetiva. El inventario corporal se presenta como una práctica de exploración somática que permite reconocer el estado del cuerpo en el momento presente, identificar zonas de sostén y ampliar la percepción interoceptiva y propioceptiva.

A diferencia de las técnicas de visualización o imaginación guiada, el inventario corporal se basa en sensaciones actuales y verificables, lo que reduce el riesgo de activación traumática y favorece la orientación al entorno. Desde el enfoque Embodiment-Centered Expressive Arts Therapy for Trauma (EC-EXATT®), esta práctica constituye un primer momento fundamental del proceso terapéutico, ya que permite que el cuerpo sea reconocido no solo como lugar donde se inscribe el dolor, sino también como territorio donde permanecen recursos, vitalidad y potencias expresivas.

Este artículo presenta los fundamentos del inventario corporal, su relevancia en contextos de trauma y su articulación con el trabajo expresivo y simbólico a través del dispositivo del Árbol de los Recursos, que permite organizar la experiencia corporal de sostén en una estructura simbólica que fortalece la estabilización interna.

Palabras clave: inventario corporal, trauma, regulación somática, estabilización, presencia corporal, recursos, EC-EXATT®

Introducción

Las experiencias traumáticas afectan profundamente la relación de la persona con su propio cuerpo. Diversos estudios en el campo del trauma han mostrado que estas experiencias pueden alterar la percepción interna del organismo, la regulación del sistema nervioso y la capacidad de orientación al entorno. En muchos casos, el cuerpo puede vivirse como un lugar de amenaza, desconexión o desorganización.

En este contexto, los enfoques terapéuticos contemporáneos orientados al trauma han destacado la importancia de restablecer progresivamente la percepción corporal como base de seguridad, regulación y estabilización. Entre las prácticas utilizadas para este propósito, el inventario corporal ocupa un lugar relevante.

El inventario corporal consiste en una exploración consciente y gradual del cuerpo que permite reconocer su estado tónico, su organización estructural y las sensaciones presentes en el organismo. Esta práctica encuentra uno de sus fundamentos en tradiciones somáticas como la Eutonía, desarrollada por Gerda Alexander, donde se propone una exploración sensible del cuerpo orientada a desarrollar una conciencia más fina del tono muscular y de la relación del organismo con la gravedad y el entorno.

En la perspectiva de la Eutonía, la exploración corporal no tiene como objetivo corregir inmediatamente el cuerpo ni alcanzar un estado ideal de relajación. Por el contrario, propone un proceso de observación consciente de la experiencia corporal tal como se manifiesta en el momento presente, permitiendo reconocer las variaciones del tono muscular, los apoyos estructurales y la organización del cuerpo en el espacio.

Dentro de esta lógica somática, el inventario corporal puede realizarse explorando progresivamente diferentes sistemas corporales, como el sistema óseo, el sistema muscular, el sistema respiratorio o el sistema visceral. Esta forma de exploración permite que la atención se desplace lentamente por distintas regiones del cuerpo, favoreciendo una percepción más precisa de las sensaciones corporales y de la organización del organismo.

Cada uno de estos sistemas ofrece una vía distinta de acceso a la experiencia corporal. El sistema óseo permite percibir el sostén estructural y la relación con la gravedad; el sistema muscular posibilita reconocer la fuerza, la tensión y la capacidad de acción; el sistema respiratorio abre la percepción del espacio interno y del ritmo vital; y el sistema visceral permite acceder a la dimensión más profunda de la vida corporal.

Este recorrido por los sistemas corporales cumple una función fundamental en los procesos terapéuticos, ya que facilita la conexión somática, es decir, la capacidad de la persona para percibir su propio cuerpo de manera más clara y diferenciada. Al mismo tiempo, esta exploración favorece el anclaje somático, entendido como la posibilidad de estabilizar la experiencia en sensaciones corporales presentes, tales como el contacto con el suelo, el peso del cuerpo o el movimiento de la respiración.

Desde esta perspectiva, el inventario corporal puede comprenderse también como un recurso terapéutico orientado a la regulación y estabilización del organismo. Al dirigir la atención hacia sensaciones corporales concretas y actuales, el sistema nervioso puede reorganizar progresivamente su funcionamiento, favoreciendo una experiencia de mayor presencia y seguridad.

En el trabajo con trauma, esta exploración suele realizarse con los ojos abiertos, con el fin de mantener la orientación hacia el entorno. La posibilidad de percibir el espacio circundante permite que el sistema nervioso continúe registrando señales de seguridad en el ambiente, reduciendo el riesgo de disociación y favoreciendo la experiencia de presencia.

Otro aspecto relevante es la diferencia entre el inventario corporal y las técnicas de visualización o imaginación guiada. Mientras que estas últimas se apoyan en la producción de imágenes internas, el inventario corporal se basa en sensaciones corporales reales y actuales, tales como el contacto con el suelo, el peso del cuerpo o el movimiento de la respiración.

En personas que han vivido experiencias traumáticas, las imágenes internas pueden activar memorias implícitas o respuestas emocionales intensas. El inventario corporal, en cambio, permite anclar la experiencia en el presente, facilitando procesos de regulación y ampliando progresivamente la tolerancia a la experiencia interna.

Dentro del enfoque EC-EXATT®, el inventario corporal constituye una práctica inicial que prepara el terreno para el trabajo expresivo posterior. Al identificar zonas de sostén, vitalidad o disponibilidad corporal, el cuerpo puede comenzar a ser reconocido también como fuente de recursos y potencias creativas.

El dispositivo del árbol de los recursos

En el marco del enfoque Embodiment-Centered Expressive Arts Therapy for Trauma (EC-EXATT®), el Árbol de los Recursos constituye una de las posibles modalidades de intervención dentro del proceso de estabilización sensorial-emocional. Este dispositivo suele introducirse después del inventario corporal, cuando la persona ha podido reconocer sensaciones de sostén, vitalidad o presencia en su propio organismo.

A partir de esta exploración somática inicial, las sensaciones corporales identificadas pueden traducirse en una representación simbólica, permitiendo que la experiencia corporal encuentre una forma de organización visual y expresiva. En este sentido, el Árbol de los Recursos funciona como un dispositivo expresivo-somático que facilita la integración entre percepción corporal, resonancia emocional e imaginación simbólica.

La guía del ejercicio propone una estructura relativamente directiva, basada en la metáfora del árbol y en la diferenciación de sus partes; raíces, tronco, ramas y flores o frutos. Sin embargo, esta estructura no busca imponer una forma fija de representación, sino ofrecer un marco de orientación que facilite la emergencia de una experiencia subjetiva singular. Cada persona puede vivir y representar su árbol de manera distinta, en función de su historia, de su experiencia corporal y de los recursos que emergen durante el proceso de creación.

La construcción del árbol suele vincularse con las sensaciones reconocidas previamente en los diferentes sistemas corporales explorados durante el inventario somático. El sistema óseo, asociado al sostén estructural y a la relación con la gravedad, puede resonar simbólicamente con la imagen de las raíces y la base del árbol. El sistema muscular, relacionado con la capacidad de acción y con la organización del movimiento, puede vincularse con la fuerza del tronco y la expansión de las ramas. El sistema respiratorio, que introduce la experiencia de ritmo y expansión, puede asociarse con la apertura del árbol hacia el espacio. Por su parte, el sistema visceral, vinculado con la vida interna del organismo, puede resonar con la dimensión de las flores o frutos, donde aparecen las potencias vitales, los deseos o las cualidades creativas.

La metáfora del árbol permite así organizar simbólicamente diferentes dimensiones de la experiencia corporal. Las raíces simbolizan los apoyos y sostenes que permiten a la persona mantenerse en contacto con la base de su experiencia vital. El tronco representa el eje de la presencia y la capacidad de sostener la propia identidad. Las ramas expresan la posibilidad de acción, relación y apertura hacia el mundo. Finalmente, las flores o frutos evocan las potencias creativas, los deseos y las cualidades vitales que pueden emerger cuando el organismo encuentra condiciones suficientes de sostén y regulación.

Desde una perspectiva terapéutica, el árbol de los recursos no solo favorece la expresión simbólica de los recursos corporales reconocidos durante el inventario somático, sino que también contribuye a fortalecer la organización interna de la experiencia. A medida que la persona crea su árbol e identifica en él diferentes apoyos, cualidades y recursos, puede intensificarse la percepción de que existen elementos internos y relacionales que sostienen su proceso.

Este reconocimiento puede producir un efecto regulador y preventivo, al permitir que la atención se desplace progresivamente desde los focos de dolor o fragilidad hacia los recursos disponibles en el organismo, en la historia personal y en los vínculos significativos. La imagen del árbol funciona entonces como una cartografía simbólica de estos recursos, facilitando la construcción de una experiencia interna más organizada.

Además, el proceso de creación introduce una dimensión importante de externalización reguladora. Al traducir las sensaciones corporales en una imagen visible, la experiencia deja de estar únicamente inscrita en el cuerpo y puede ser observada desde una cierta distancia reflexiva. Esta posibilidad de contemplar la propia cartografía de recursos favorece procesos de regulación emocional y de reorganización de la experiencia interna.

La imagen del árbol funciona también como un organizador perceptivo de la experiencia, ya que introduce una estructura simbólica basada en la verticalidad, el sostén y la expansión. Esta organización visual puede favorecer la sensación de coherencia interna y de continuidad de la experiencia subjetiva.

Al mismo tiempo, la metáfora del árbol remite a una dimensión relacional y ecológica de la existencia. Todo árbol se desarrolla en relación con un entorno que lo sostiene: la tierra, el clima, el ecosistema que lo rodea. De manera análoga, la imagen puede abrir la posibilidad de reconocer no solo los recursos internos del organismo, sino también los apoyos relacionales, comunitarios y contextuales que participan en la experiencia de sostén.

En este sentido, el árbol de los recursos puede comprenderse como un dispositivo de estabilización simbólica, ya que permite organizar la experiencia de sostén corporal en una imagen que favorece la coherencia interna, la sensación de seguridad y la continuidad de la experiencia subjetiva dentro del proceso terapéutico.

De este modo, el tránsito desde el inventario corporal hacia la representación simbólica del árbol permite que las sensaciones de sostén y vitalidad reconocidas en el cuerpo se transformen en una imagen que organiza la experiencia interna y fortalece la percepción de los recursos disponibles para sostener el proceso de transformación.

Conclusión

El inventario corporal constituye una herramienta fundamental en el acompañamiento terapéutico de procesos de trauma. Al centrar la atención en la percepción directa del cuerpo, esta práctica permite restablecer progresivamente la experiencia de presencia, fortalecer la orientación al entorno y favorecer procesos de regulación y estabilización del organismo.

Frente a técnicas basadas en la imaginación o la visualización, el inventario corporal ofrece un acceso más seguro y estable a la experiencia interna, al apoyarse en sensaciones actuales y verificables. De este modo, el cuerpo deja de ser únicamente el lugar donde se inscriben las huellas del dolor y puede comenzar a ser percibido también como un territorio donde permanecen recursos, sostén y vitalidad.

En el enfoque EC-EXATT®, el inventario corporal y el dispositivo del Árbol de los Recursos constituyen dos momentos complementarios de un mismo proceso terapéutico: el primero orientado a la regulación y estabilización somática, y el segundo a la organización simbólica de la estructura interna. A través de esta secuencia, la percepción corporal y la creación artística se articulan para favorecer una experiencia más integrada del cuerpo y de la subjetividad.

Bibliografía

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Levine, P. (2012). En una voz no hablada: Cómo el cuerpo libera el trauma y restaura la bondad. Vitoria-Gasteiz: Editorial Eleftheria.
Ogden, P., Minton, K., & Pain, C. (2009). El trauma y el cuerpo: Un modelo sensoriomotor de psicoterapia. Bilbao: Desclée de Brouwer.
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Dos Santos, E. (2024). Embodiment-Centered Expressive Arts Therapy for Trauma (EC-EXATT®): fundamentos y prácticas de la clínica expresiva somática. Manuscrito de trabajo.

Cómo citar este artículo (APA 7ª edición)

Dos Santos, E. (2026). El inventario corporal en la clínica expresiva somática del trauma: Presencia, regulación y estructura interna en el enfoque EC-EXATT®. Poiesis – Instituto de Artes Expresivas, Trauma y Embodiment.

Derechos de autor

© Edmundo dos Santos, 2026.
Publicado por Instituto Poiesis.
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EC-EXATT® es un modelo registrado por Instituto Poiesis.

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