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Persona

Ventana de Tolerancia y Sensación Sentida


Fundamentos Encarnados en la Clínica EC-EXATT®

La ventana de tolerancia y la sensación sentida conforman dos columnas fundamentales del acompañamiento expresivo-somático dentro del enfoque Embodiment-Centered Expressive Arts Therapy for Trauma (EC-EXATT®). Desde la clínica encarnada, estas nociones permiten comprender no solo cómo se manifiesta el trauma en el cuerpo, sino también cómo puede reorganizarse la experiencia sin desbordamiento, sin pérdida de coherencia interna y sin que la persona vuelva a quedar atrapada en los ciclos neurofisiológicos del miedo, la desconexión o la hiperactivación.

La ventana de tolerancia, propuesta por Daniel Siegel, describe el rango en el que el sistema nervioso puede procesar la experiencia de manera integrada. Dentro de esta franja, la persona mantiene la capacidad de sentir sin quedar inundada, pensar sin desorganizarse y percibir sin desconectarse. Cuando se habita este espacio fisiológico, la creatividad, el pensamiento flexible, la conexión y la simbolización se vuelven posibles. El trauma, sin embargo, estrecha esta ventana: el cuerpo se acostumbra a estados extremos de amenaza o de desvitalización, y la experiencia deja de ser habitable.

La tarea clínica en EC-EXATT® consiste precisamente en acompañar sin empujar fuera de esta ventana, sosteniendo un campo expresivo donde la persona pueda acercarse al dolor sin ser absorbida por él. El cuerpo tiene su propio ritmo para volver a sentir; forzar ese ritmo es una forma de violencia. La prevención del desbordamiento no es una defensa, sino una ética del cuidado corporal y simbólico.

La sensación sentida, desarrollada por Eugene Gendlin, constituye la brújula interna que indica cómo se está organizando la experiencia en el cuerpo. No es una emoción delimitada ni un pensamiento sobre lo que ocurre, sino una percepción global, densa y casi pre-verbal que surge en lo profundo del torso —un saber corporal que antecede al lenguaje. La sensación sentida es la voz del cuerpo antes de convertirse en imagen o palabra; contiene la dirección implícita del proceso.

En el EC-EXATT®, la sensación sentida se convierte en una interlocutora del proceso creativo. El trazo, la textura, la vibración del color, el peso del cuerpo en el movimiento o la resonancia de un sonido permiten dar forma externa a esa vivencia que el cuerpo porta sin nombre. La poética del hacer —el gesto mínimo, la línea que insiste, el ritmo que emerge, la respiración que acompasa el trazo— constituye una forma de conversar con la sensación sentida sin imponerle una interpretación prematura. Es la obra la que dialoga con el cuerpo, y no al revés.

A nivel neurofisiológico, la ventana de tolerancia se sostiene mediante la activación equilibrada del sistema nervioso autónomo. El tono ventral del nervio vago permite estados de calma activa, curiosidad y restauración. En cambio, su inhibición deja al cuerpo atrapado en hiperactivación o colapso. Aquí la presencia del terapeuta es decisiva. El cuerpo del terapeuta —su ritmo, su respiración, su tono de voz, su silencio— es un agente de co-regulación. Antes de que exista palabra, ya existe relación; antes de que haya simbolización, ya hay un ritmo compartido. La ventana de tolerancia es, en gran medida, un fenómeno vincular.

El proceso creativo ofrece al sistema nervioso un campo multisensorial donde reorganizarse. El arte estabiliza porque aporta forma, ritmo, textura y repetición. El movimiento regula porque sincroniza impulso, peso y dirección. La música regula porque ordena temporalidad y respiración. La imagen sostiene porque ofrece contorno, distancia simbólica y posibilidad de observar. La escritura organiza porque crea secuencia y relación. Esta resonancia estética no es un añadido terapéutico: es un principio neurofisiológico de autorregulación.

El tránsito intermodal pasar del gesto a la imagen, de la imagen al sonido, del sonido a la danza permite mantener la experiencia en movimiento, evitando la fijación traumática y facilitando la integración natural entre hemisferios cerebrales, niveles de procesamiento y capas sensoriales. La oscilación intermodal actúa como un mecanismo de ampliación de la ventana de tolerancia.

La sensación sentida aporta la direccionalidad interna del proceso; la ventana de tolerancia aporta el marco fisiológico de seguridad; el arte aporta el puente simbólico donde ambos se encuentran. Cuando la sensación sentida puede expresarse sin que el sistema nervioso se desborde, el trauma deja de repetirse para comenzar a transformarse. Lo que fue amenaza se convierte en experiencia; lo que fue fragmentación encuentra ritmo; lo que no podía decirse encuentra color, gesto, tono o palabra.

Mantener a la persona dentro de su ventana de tolerancia no es limitar su profundidad, sino permitirla. Es confiar en que el cuerpo, cuando se siente acompañado y escuchado, sabe cómo avanzar. Es sostener la dignidad del proceso humano, donde la regulación no es enemigo de la expresión, sino su condición. La sensación sentida, por su parte, recuerda que el camino hacia la transformación no comienza en la explicación, sino en la escucha de lo pequeño, lo sutil, lo pulsante. Y el arte, en este encuentro, se convierte en territorio de verdad: un lugar donde el cuerpo puede volver a habitarse sin temor, y donde la vida puede reorganizarse en la dirección silenciosa que la propia experiencia encarnada señala.

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