

Artes Expresivas, Modalidades Sensoriales y Experiencia Encarnada en el Enfoque EC-EXATT®
El enfoque EC-EXATT® (Embodiment-Centered Expressive Arts Therapy for Trauma), concebido como una práctica transdisciplinaria centrada en el cuerpo, las artes y la poética de la experiencia humana, propone un abordaje profundo del trauma a través de la vivencia sensorial y la creación simbólica. En este enfoque, el cuerpo no es únicamente el lugar donde el trauma se inscribe; es también espacio de creación, transformación y reconstrucción de sentido. El cuerpo recuerda, pero también imagina, resuena, reorganiza y produce nuevas formas de habitar la experiencia.
En las terapias de artes expresivas centradas en el cuerpo, la articulación entre modalidades sensoriales y lenguajes artísticos constituye un eje fundamental para comprender la experiencia encarnada como territorio de memoria, regulación y emergencia simbólica. El cuerpo no se limita a recibir estímulos: percibe, interpreta, responde y crea. Cada modalidad artística convoca una vía sensorial específica y, con ella, un tipo singular de presencia. A través de la vista, del sonido, del movimiento, del tacto o de la evocación olfativa y gustativa, se acceden a capas profundas de la subjetividad que permanecen fuera del alcance del lenguaje verbal. En este sentido, la experiencia multisensorial abre un espacio donde las vivencias emocionales, corporales y simbólicas encuentran forma, ritmo, textura y color, ampliando el campo de lo decible y lo imaginable.
En el EC-EXATT®, cada modalidad sensorial se despliega como una puerta hacia la experiencia encarnada. La percepción visual, vinculada a las artes plásticas, permite organizar la vivencia a través de imágenes que contienen, ordenan o desestructuran, según la fase del proceso. La creación visual convoca narrativas internas y ofrece un espacio donde la persona puede observar su mundo interno desde la distancia simbólica de la estética. El tacto, presente en la escultura, el modelado, los materiales naturales o los textiles, activas memorias hápticas que pueden ser tanto evocadoras como reguladoras. La resistencia, temperatura o maleabilidad de un material despiertan respuestas corporales espontáneas que favorecen el arraigo y la conciencia somática.
La audición, a través de la música, la percusión, la voz o el paisaje sonoro, organiza la experiencia desde la temporalidad y el ritmo. El sonido puede convocar lo ancestral, lo espontáneo y lo comunitario, permitiendo una regulación rítmica que restituye coherencia interna. El movimiento y la kinestesia, presentes en la danza y en las prácticas somáticas, abren un territorio donde el cuerpo se reconoce como instrumento expresivo. En el impulso, la dirección, el peso y la velocidad de un gesto, emergen memorias, afectos, tensiones y libertades que no pueden expresarse de otra manera. Las modalidades evocativas del olfato y el gusto, aunque menos utilizadas, despliegan registros relacionados con la historia encarnada, la identidad cultural y los rituales íntimos que sostienen la vida cotidiana.
La intermodalidad sensorial es uno de los aportes más potentes del EC-EXATT®. El tránsito entre modalidades no solo expande la experiencia, sino que crea un tejido complejo donde cada sentido transforma al otro. Esta oscilación convoca una poética encarnada: un modo de creación que reorganiza la memoria traumática desde la experiencia presente. Al pasar del trazo al movimiento, del sonido a la imagen, del gesto al objeto, la persona encuentra narrativas emergentes que no repiten la historia traumática, sino que la transforman estéticamente. La intermodalidad abre la posibilidad de un yo que se reestructura no desde la palabra, sino desde el gesto vivo, desde la textura simbólica del presente.
En este marco, el terapeuta adquiere un rol fundamental. Trabajar desde las modalidades sensoriales requiere desarrollar una conciencia afinada del impacto de cada canal perceptivo. Comprender qué modalidades estabilizan, cuáles despiertan memoria somática, cuáles abren acceso a lo simbólico y qué ritmos sostienen la presencia, permite guiar el proceso con precisión clínica y sensibilidad estética. En momentos de disociación, lo táctil contenedor o lo visual estructurado pueden facilitar el anclaje. En fases de elaboración emocional más profunda, lo sonoro, lo fluido o el movimiento expresivo pueden abrir espacio a la descarga simbólica y a la reorganización afectiva.
La capacidad del terapeuta para leer los microgestos del cuerpo, las variaciones respiratorias, los cambios de ritmo, la textura emocional del movimiento o el tono afectivo de una imagen, permite adaptar la propuesta en tiempo real. La presencia encarnada es aquí un principio fundamental: un modo de estar que escucha desde el cuerpo, acompaña desde la sensibilidad y sostiene desde una ética de respeto profundo al ritmo interno de la persona. El arte es, entonces, mapa sensorial, brújula estética y territorio simbólico que orienta el proceso hacia la integración.
La práctica sensorial en trauma exige, además, una ética cuidadosa. El acompañamiento debe considerar la fase del proceso, el nivel de activación del sistema nervioso y la historia sensorial de la persona. Algunas propuestas pueden resultar invasivas o saturadoras si no se calibran adecuadamente. El respeto a los límites corporales, culturales y simbólicos se convierte en condición para que la experiencia artística sea realmente reparadora y no una reactivación emocional innecesaria.
La articulación entre artes expresivas, modalidades sensoriales y experiencia encarnada constituye, en el EC-EXATT®, una vía clínica, ética y estética hacia la transformación subjetiva. Este entramado multisensorial sitúa al cuerpo como territorio creador, y no solo como lugar de síntoma. Allí donde las palabras no alcanzan, la experiencia sensorial ofrece un lenguaje; y allí donde el trauma fragmentó, la intermodalidad permite reorganizar. En este encuentro entre cuerpo, arte y presencia, la estética se convierte en forma de habitar el mundo, y la experiencia encarnada en una manera de volver a casa.